Uniforme guardia civil constitución honor

De la disciplina, el honor y la patria

Abonado como estoy al debate, y aun a sabiendas de los crueles embates que recibiré, creo obligado dar mi punto de vista sobre un tema de candente actualidad: la disciplina, el honor y el amor a la patria que algunos utilizan de forma artera.

Todo nace con una orden legítima del poder civil al militar, que, poco acostumbrado a lidiar con aquello que no le es afín, como cabra montaraz rebrinca y saca a relucir algo tan español como el honor de un militar, ese concepto construido sobre preceptos morales caducos y que tanto dolor ha conllevado en forma de guerras civiles y asonadas militares.

Aclaremos algunas cuestiones. La Constitución Española, en su artículo 104, establece de forma clara que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y por tanto la Guardia Civil, “dependen del Gobierno”, al que deben obediencia. La Ley Orgánica de Derechos y Deberes de los miembros de la Guardia Civil, en su artículo 16, amplía la cuestión y dice: “Los miembros de la Guardia Civil deberán adecuar su actuación profesional a los principios de jerarquía, disciplina y subordinación”. Pero si no fuera suficiente, el propio Código de Conducta de la Guardia Civil establece en su artículo 13 que permanecerán “alejados del discurso político y del debate partidista”.

Por tanto, que un general apele al honor del cuerpo para desobedecer abiertamente a un superior y transgredir de forma clara el código de conducta, para mí, aun a sabiendas de los aplausos con sabor rancio que ha cosechado, resulta cuando menos reprochable. Quisiera saber yo el fuerte “crujido” que dicho general aplicaría a cualquier subordinado suyo que se atreviera a la mitad de lo que él ha desobedecido.

Se le debe recordar al general que los guardias civiles tienen derecho a la libertad de expresión, y así lo reconoce la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo, pero ese derecho no es absoluto, sino que debe ejercerse “dentro de los límites que marca el régimen disciplinario”. La falta de imparcialidad, la desobediencia abierta o el fomento del debate partidista por parte de un militar deberían haber conllevado consecuencias, y así evitaríamos la sensación de impunidad.

No se trata de no tener ideas propias en política, pero mientras se vista el uniforme y se invoque la condición militar, no se debe favorecer ni provocar ningún debate político. Si se quiere participar en política, que haga como los generales que se afilian a Vox y se presentan en listas electorales. Lo demás sobra, “mi general”.

También el honor es una excusa para olvidar su obligada obediencia e imparcialidad política, y se apela a él como algo que, una vez perdido, no se recupera jamás. Quizás debería el general saber que, según cifras oficiales, son más de ochocientos los guardias civiles que han tenido problemas legales en la última década (según datos del Congreso de los Diputados), de los cuales 131 han sido detenidos por narcotráfico; que existe un informe de Asuntos Internos incorporado a un procedimiento abierto en la Audiencia Nacional donde, de forma textual, se dice: “Existe un grave problema de corrupción policial en la zona sur de España”; y que, por no eternizarnos, baste recordar que en un solo caso de corrupción interna se habla de ciento ochenta millones de euros en contratos alterados para suministrar uniformes a la Guardia Civil, además de un teniente general, dos generales y un sinfín de jefes y oficiales detenidos por asuntos parecidos.

Por tanto, el roto en el uniforme del honor es evidente. Mejor no apelar a ello, “mi general”.

La patria, como casa común de todos y todas las españolas y españoles, no puede ser apropiada por una parte de la sociedad, que apela a ella, al igual que a la bandera, para atizar a todo lo que no encaja en su idea política, religiosa o sexual y afectiva. La patria es España, y tan español es un vasco como un extremeño; tan español es Lamine Yamal como Santiago Abascal; y tan meritoria es la defensa que de ella hace Mohamed recogiendo tomates en Almería como la de Antonio subido en un andamio o la de Jesús patrullando junto a su compañero los campos y pueblos de España.

Flaco favor hacen a los miles y miles de guardias civiles y policías cumplidores con la legalidad vigente aquellos que, henchidos de vanidad y momentos de gloria, apelan a conceptos trasnochados que huelen a las pastillas que mi abuela ponía en los armarios para evitar que se apolillara la ropa.


Artículo de Gabriel Trejo para el blog de Wetinpas!

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