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Enkelé: La increíble historia de siete niñas y una estrella de río

Muchos años después, frente al ancestral empoderamiento, las siete mujeres de Enkelé habrían de recordar aquellas tardes remotas en las que, aún siendo niñas, sus ancestras las llevaban a conocer el fuego. Y aquel fuego se convirtió en magia. Llega a España Enkelé, uno de los colectivos musicales más interesantes y prometedores de un país que, todavía inmerso en períodos de transición post-violencia, exporta hoy una cantidad y calidad de oferta musical con la que enamora al mundo: Colombia. Enkelé es una potente apuesta coral de mujeres diversas que tocan instrumentos tradicionalmente vetados para ellas; una apuesta de cantaoras que alzan su voz contra el machismo mezclando géneros regionales con letras arriesgadas, herederas de la magia del Río Magdalena y de la(s) realidad(es) de siete poderosas féminas que migraron desde lugares de la costa Caribe y Venezuela hacia Bucaramanga, capital del oriente colombiano, para invocar el legado de sus ancestras.

Traen en sus saberes y talentos el compromiso para con aquellas antepasadas que les enseñaron que la mujer tiene el derecho de reclamar su poder detrás de un tambor o frente a un micrófono, pues la lucha por sus derechos es, irónicamente, la fuerza de la que se nutren. Llegan con sus turbantes y sus mochilas a hablarle al mundo de lo que significa crecer (siendo cualquier cosa menos un hombre), en una región heteronormativa y conservadora de un país que, aunque hermoso, aún tiene batallas que librar en lo que a inclusión y variedad respecta. No fue fácil para Mildreth Pasos, la tamborera, cuando hace dos décadas se lanzó al escenario a tocar en Tamalameque (noreste colombiano): la sacaron del festival “porque una mujer no podía tocar la tambora”.

Hoy, Enkelé lanza un mensaje que combate cualquier exclusión sin sentido. Las cantaoras Yira Miranda (compositora y trabajadora social), Damar Guerrero (compositora y estudiante de licenciatura musical) y Camila Pedrozo (guitarrista y licenciada en música); las percusionistas Carolina Delgado (compositora y maraquera), Mildreth Pasos (tambora y licenciada en danza), Angélica Ruiz (tambor alegre y licenciada en música) y Yuranis Miranda (llamador y bióloga) despliegan los paisajes sonoros de sus tierras: Arboletes, Talaigua Nuevo, Gamarra, Pelaya, Bucaramanga, Barrancabermeja y Caracas.

“Somos mujeres independientes en la industria de la música, y hacemos bailes cantaos; todo se hace a punta de autogestión y el apoyo de la gente linda que cree en nosotras”, cuenta Carolina Delgado, la fundadora y directora de Enkelé.

El nombre “Enkelé” no nació por casualidad, significa “estrella” en lengua bantú, del Congo africano. Su música es el baile cantao, una expresión artística de la cultura del Caribe colombiano que nació como producto del arte y de la resiliencia de africanos que llegaron esclavizados a Colombia. Sus canciones están ayudando a romper las barreras de una cultura limitante y excluyente. “Seguimos en esa lucha, ahora es un poco más amigable y ya se ven más mujeres tocando el tambor, la gaita y el millo”. Guerreras, poetisas, maestras, curadoras, iconoclastas y referentes para miles de niñas que hoy quieren hacer lo que ellas hacen, nos cuentan que con su baile cantao no proponen nada distinto que reconocer la historia de las mujeres en la música... y empoderar futuras generaciones. “Queremos invitar a todas las mujeres de cualquier edad a que se atrevan a vivir sus sueños, que todo es posible; que las mujeres podemos interpretar... no solo cantar o bailar”.

Además de la resignificación que conlleva romper tabúes como percusionistas, merece la pena centrar la atención en las letras de su l cccc aureado álbum Pa’ la Cima (EcoMusic, 2024). Las letras de los diez cortes son un paso gigantesco hacia adelante en ritmos y géneros como la cumbia o el bullerengue, pues ponen en primer plano obviedades humanas como que la mujer tiene piel, que es dueña de su cuerpo y destino, que tiene voz para gritar sin que le llamen bruja, y que posee el poder de curar y parir, la magia de sus cuerdas vocales y sus manos, y la bendición de sus propias musas. Amén.

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